Porque requerimos una vivencia de fe más centrada en Cristo y en el encuentro con Él.
Porque debemos recuperar la audacia apostólica y el ardor evangelizador, que nos lleven a acercarnos a quienes han abandonado la Iglesia por diversos motivos.
Porque debemos irradiar el fervor de quienes han recibido la alegría de Cristo.
Porque el anuncio misionero debe pasar de persona a persona, de casa a casa, de comunidad a comunidad.
Porque la sociedad requiere la trasformación propia que genera el evangelio
No hay comentarios:
Publicar un comentario